miércoles, 23 de noviembre de 2016

RESEÑA: El nombre del viento - Patrick Rothfuss

¡Buenos días!

Hoy nos hemos venido al Callejón de las Historias con el paraguas en la mano ya que la lluvia ha hecho acto de presencia con muchas ganas en nuestra ciudad.

Para hoy os tenemos preparadas unas cuantas historias de diversa índole que seguro que os llaman mucho la atención.

La primera de ellas nos lleva a la fantasía para conocer "El nombre del viento", de Patrick Rothfuss, una novela cautivadora y muy especial, con un personaje único, Kvothe. Por todo lo que esconde entre sus páginas este libro, hay que quitarse el sombrero ante el autor y vivir y disfrutar de una de las etapas doradas por la que está atravesando la fantasía.



EL NOMBRE DEL VIENTO, de PATRICK ROTHFUSS
PLAZA & JANES EDITORES
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788401337208
Año de edición:2009

SINOPSIS

He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y escrito canciones que hacen llorar a los bardos.

 "Me llamo Kvothe. Quizás hayas oído hablar de mi."


Kvothe es un personaje legendario, el héroe y el villano de miles de historias que corren entre la gente. Todos le dan por muerto, cuando en realidad vive con un nombre falso en una posada apartada y humilde, de la que es propietario. Nadie sabe ahora quién es. Hasta que una noche un viajero, llamado el Cronista, le reconoce y le suplica que le revele su historia, la verdadera, a lo que finalmente Kvothe accede. Pero habrá mucho que contar, le llevará tres días. Este es el primero…Kvothe (que podría pronunciarse ´Kuouz´) es el hijo del director de una compañía itinerante de artistas -actores, músicos, magos, juglares y acróbatas- cuya llegada a los pueblos y ciudades siempre es un motivo de alegría. En ese ambiente Kvothe, un niño prodigio muy alegre y servicial, aprende distintas artes.

Para él, la magia no existe; sabe que son trucos. Hasta que un día se tropieza con Abenthy, un viejo mago que ha dominado los arcanos del saber, y le ve llamar al viento. Desde ese momento Kvothe solo anhela aprender la gran magia de conocer el nombre auténtico de las cosas. Pero ese es un conocimiento peligroso y Abenthy, que intuye en el niño un gran don, le enseña con cautela mientras lo prepara para que un día pueda ingresar en la Universidad y convertirse en un maestro de magos. Una tarde en que su padre ha estado ensayando el tema de una nueva canción sobre unos demonios legendarios, los Chandrian, Kvothe se va a pasear al bosque. Cuando regresa ya anochecido, descubre los carromatos incendiados y que todos, también sus padres, han sido asesinados. Unos desconocidos están sentados alrededor de la hoguera, pero luego desaparecen. Durante meses Kvothe vaga atemorizado por el bosque con su laúd por única compañía y cuando llega el invierno se dirige a la gran ciudad.

CRÍTICA

Lo reconozco. Cuando  me acerqué a “El Nombre Del Viento” lo que atrajo mi mirada fue su portada. Mal hecho, lo sé, pero me pareció cautivadora. Después pensé en el nombre del autor y en la obra en sí, y comprobé que no lo conocía de nada. Así que, curioso yo, le di la vuelta al libro y leí la contraportada. Y me dejó muy intrigado. Asesino de Reyes, hummm….”Me llamo Kvothe. Quizás hayas oído hablar de mí”, termina. ¿Quizá me sonaba algo a Elric de Melniboné? No pinta mal, pensé (ya sé que muchos opináis distinto a mí sobre la calidad literaria de Moorcock, pero qué queréis, yo crecí con ello). Entonces leí la franja con los comentarios de los autores. Y me arrepentí.

De un tiempo a esta parte, si no se te compara con J.R.R. Tolkien, con George R.R. Martin o incluso con J.K. Rowling parece que no has escrito un libro de fantasía. Además, si alguno sois seguidores de la serie televisiva “Castle” (yo sé que sí, pillines, estando Nathan “Firefly” Fillion, no os la perderéis ni de broma) podréis comprobar, aunque solo sea en la ficción, cómo hace un autor para reseñar un libro de otro autor. Encima, era novela que acababa de  salir, estaba recién editada, recién salida del horno. Y de una editorial como Plaza & Janés, muy dada al bestseller pero que yo dudaba de que hubiera publicado un libro de fantasía, a excepción, por supuesto del querido Terry Pratchett. Al menos yo desconocía que hubiera publicado otra fantasía. Qué raro. 

Total, que tenía un regusto amargo. Algo me decía que sí, que lo comprara, y algo me reconcomía por dentro. Soy muy suspicaz con tanto elogio y comparación, que generalmente esconde una obra más bien vana y una necesidad imperiosa de vender. También es cierto que otras veces no dice más que la verdad pura y dura. Así que no lo tenía claro y me fui de la librería. Treinta minutos después había vuelto corriendo y lo estaba comprando. En esa media hora no dejaba de barruntarme el libro por la cabeza, y al final me lancé a la piscina y lo compré deseando, casi rezando, porque no fuera otra de dragonadas. Y, uy, qué sorpresa me llevé cuando descubrí que no sólo no era un libro de dragonadas, sino una maravilla hecha prosa. Una delicia de libro, una aventura como hay pocas, un libro no sólo a la altura de lo que reseñan en la contraportada sino que lo sobrepasa con creces, una novela sólida, muy bien construida, y sobre todo, maravillosamente escrita. Una delicia para los ojos.

En ella encontramos a un hombre, ignorado por todos, escondido, perdido en una posada sita en un pueblo dejado de la mano de Dios. En esto, aparece un personaje, que se hace llamar Cronista, que le reconoce. Que sabe quién es él, de su pasado, un héroe para muchos, un asesino para otros. Curioso que una a misma persona se le pueda ver de dos maneras distintas según los mismos actos objetivos. Pero no hay que engañarse, lo que diferencia a un héroe de un asesino sólo es el bando en el que se encuentra uno. Y cómo eso es algo que ambos tienen claro, finalmente Kvothe (pronunciado “cuouz”) decide contar su historia tal cual él la ha vivido, desde su propio punto de vista. Y eso le va a llevar tres días. Ni uno más ni uno menos. Este libro es el primero de ellos.

De eso trata el libro. De historias. De historias que ocurren a la vez, ya que mientras va narrando su historia, su pasado, también se suceden hechos en el presente, que se desarrollan en los descansos de la narración. Y son hechos que le ocurren a Kvothe y hechos que le ocurren a su álter ego, el posadero. De manera que ya se va viendo que lo que trata de escribir el autor son historias. Historias dentro de historias dentro de historias dentro de historias. Una labor que se me antoja harto difícil y que el autor resuelve con suma maestría. Por algo tardó en escribirla más de 7 años. 

La capacidad que tiene de enganchar al lector es increíble, sumergiéndole en un universo medieval fantástico sumamente creíble, ampliamente razonado y en el que todo tiene su porqué. Aquí no existe deus ex machina que resuelva las situaciones por sí sólo, ni dragones que atesten el mundo alterando el equilibrio ecológico para saciar su hambre, ni orcos que invaden por el placer de invadir, y además con estúpida inteligencia. No. Aquí sólo está el poder del ser humano de superarse a sí mismo y a las adversidades. El toque de fantasía lo da la magia, por supuesto, pero de nuevo, no es un arcano hechicero que te hace desparecer con chasquido de sus dedos, o que a un gesto de su báculo te arroja una bola de fuego. Es el poder del conocimiento, la voluntad y del verdadero nombre de las cosas, de las causas, y sobre todo, las consecuencias. Tiene el toque de fantasía justo para agradar a los lectores habituales, pero no lo bastante para aborrecer a los profanos o a los detractores.

El estilo es casi el de un poeta. No soy muy aficionado a la poesía, pero desde luego he de decir que esto es poesía hecha prosa. Tiene un dominio del lenguaje al alcance de pocos con una manera de escribir absolutamente absorbente. Es empezar a leer y sentirte atrapado, sin poder soltar el libro, sólo deseando saber cómo evoluciona la historia. El mundo está vivo y se siente uno parte del mismo, identificado incluso con alguno de los protagonistas, o incluso con el mismo protagonista. Éste no es un Harry Potter apoyado por el Profesor Dumbledore. Es un Harry Potter sometido por el Profesor Snape y machacado por Malfoy, donde no todo tiene que salirle bien al protagonista por el ser el “bueno”.  Es como el mundo real, donde conviven gentes de todo tipo, con sus diferentes grados de cultura, con sus blancos, sus negros y sus grises, y con miles de matices que el autor traslada con acierto a las páginas. Leerlo es quererlo.

A ello contribuye también la magnífica traducción. Se ve que el autor está comprometido con su libro y se vuelca en que todo, hasta la traducción, sea fiel a lo que él quiere reflejar. Incluso las diferencias culturales y el analfabetismo del pueblo, que lógicamente en inglés es de una manera y en español de otra, han sido maravillosamente traducidos y adaptados. Sólo puedo decir que traducciones como ésta, o la de Faraldo con las novelas de Sapkowski, me devuelven la fe en los traductores y las editoriales. Abren un camino que debiera ser seguido por el resto, ya que por desgracia vivimos en un país dónde el saber idiomas no está valorado y donde la mayoría no podemos leer con soltura en otra lengua que no sea la de Cervantes. Y ya que hay que leer traducciones, y por tanto, perder parte del sentido del original, que al menos éstas sean lo más fieles posible a lo que el autor quiso decir.

Después de novelas como ésta sólo queda quitarse el sombrero ante el autor y vivir y disfrutar de una de las etapas doradas por la que está atravesando la fantasía. Sin duda está en su mejor momento con autores como éste, Brent Weeks, Joe Abercrombie, Scott Lynch, Paul Kearney, George RR Martin, Adrzeij Sapkowski, Brandon Sanderson etc. No digo que sea la mejor fantasía adulta, pero sí es la mejor fantasía que un adulto, que ha crecido con dragonadas, puede hacer. Desde luego si Tolkien, o Robert E. Howard se levantaran de sus tumbas, no podrían por menos que quedarse asombrados ante la calidad de la fantasía actual. Y sobre todo ante la calidad de novelas como esta.

En suma una novela recomendable a todo el mundo, le guste o no el fantástico, con ganas de disfrutar de una grandísima novela, con uno de los mejores estilos en este género, con grandes dosis de aventura pero también de realismo. Para todo aquel que guste de coger un libro y no poder soltarlo hasta que lo termine. Y ojo, que esta es la primera novela de Rothfuss. Habrá que ver qué mas es capaz de hacer. Recordad: 

“He robado princesas a reyes agónicos. Incendié la ciudad de Trebon. He pasado la noche con Felurian y he despertado vivo y cuerdo. Me expulsaron de la Universidad a una edad a la que a la mayoría todavía no los dejan entrar. He recorrido de noche caminos de los que otros no se atreven a hablar ni siquiera de día. He hablado con dioses, he amado a mujeres y he escrito canciones que hacen llorar a los bardos.
Me llamo Kvothe. Quizá hayas oído hablar de mí,”

Lo mejor: Todo. No se me ocurren muchas pegas que ponerle. Hasta la portada es la adecuada al respetar una de las originales de la editorial DAW.

RESEÑA REALIZADA POR CARLOS